Mis amigas de la escuela y yo, siempre recordamos nuestra trayectoria escolar como un recorrido mediocre. Este recuerdo siempre nos genera un alivio por no haber sobresalido ni por arriba ni por abajo en nuestras calificaciones, pasando exactamente por el centro del aro que nos marcaban cada año escolar.

Me gustaría decir que desde pequeñita sentía la necesidad de “enseñar a los demás”, de hacerles crecer yendo de mi mano, de ser capaz de abriles los ojos hacia el mundo. Pero mi decisión de ser maestra nunca fue vocacional, más bien el resultado de una serie de decisiones llevadas casi por descarte. Esa palabra, vocación, siempre me ha perseguido durante mi carrera, ya que se entiende como requisito indispensable para llevar a cabo esta profesión.

Cuando finalicé la carrera de magisterio, comencé a  trabajar en múltiples empleos relacionados con la infancia (guardería, tutora de 6º de Primaria, niños con necesidades específicas de apoyo educativo, comedores, extraescolares…). Siempre fueron experiencias de corta duración o bien por plazos de funcionariado o porque no me sentía a gusto y no aguantaba más de un curso. Ahora pienso que este descontento quizá provino al descubrir la gran desconexión que existía entre la teoría de la carrera de magisterio y la práctica profesional como maestra. Compartía con mis compañeras más afines cuáles eran esas condiciones que veíamos necesarias para que se diera un aprendizaje real, una valoración de la infancia. No teníamos grandes soluciones pero íbamos definiendo las cosas que no queríamos en nuestro trabajo que, por ende, nos afectaba a nuestra vida personal porque nos desconectaba de nuestra esencia.

Con ganas de un cambio de aires, me fui a vivir a Londres por un año y, en una semana ya tenía trabajo en una escuela anglo-española de 0 a 5 años Peques Nursery-school (en cambio, tardé en encontrar casa un mes). Allí todo era diferente. El espacio, diáfano, se dividía por rincones de aprendizaje en los que los niños de 2 a 5 años decidían donde estar. Los bebés y los niños de un año tenían su propio ambiente respectivamente. Cada maestra nos encargábamos de un espacio de aprendizaje de manera rotativa, trayendo cada día propuestas o provocaciones (como diría Malaguzzi) diferentes. También había momentos de trabajo grupal por edades donde dos profesoras, una de habla inglesa y otra de habla castellana, nos encargábamos de cada grupo. Las salidas al exterior eran muy habituales. El trato a los niños estaba muy medido, cuidando las palabras y el contacto.

Un día nuestra jefa nos pidió que viéramos unos videos1 de un tal centro Pestalozzi, en Ecuador, para que comentáramos impresiones. Lo que descubrí en esos vídeos… no sé si tengo palabras. Los niños y niñas decidían, estaban activos, aprendían de todas sus vivencias, nunca había dos mañanas iguales, ni aulas, ni personas adultas que dirigieran el camino de su alumnado, eran niños y niñas en libertad.

A partir de ahí empecé como loca a buscar experiencias similares a investigar sobre los pedagogos/as que daban los cimientos a esta maravillosa realidad que me abría las puertas a un mundo nuevo. Visité todas las escuelas libres que pude y tuve la suerte de conocer y aprender de primera mano en el Proyecto Integral León Dormido, en Oyambaro, Quito, junto a Rebeca y Mauricio Wild, Lili, Vini y Camila entre otros (que es el resultado de la experiencia de la Fundación Educativa Pestalozzi en Ecuador).

Entusiasmada, le contaba a mi compañero de vida cada logro, cada descubrimiento y él siempre me decía “¡Tienes que montar un escuela!”. Ja ja ja ¿Montar una escuela? ¿Yo? ¡Menuda locura! Y… así lo hice. A mi vuelta a España me uní a un grupo de madres y educadoras que estaba buscando una educación diferente y creamos Papoula, espacio de pedagogía libre en Soria. Una escuela libre de educación alternativa. No, que no es una escuela. Un espacio de educación libre. ¿Educación? ¿Aprendizaje? ¿Espacio de aprendizaje activo? ¿Vivencial? Tantas fueron las horas que pasamos debatiendo lo que estábamos haciendo. Tantas y tantas las asambleas. Tantas las risas y tantos los llantos. (Un largo silencio en mis teclas).

Lo que Papoula me ha dado como co-organizadora y acompañante es tanto que si me pusiera a describirlo seguro que me quedaría corta. Me abrió una nueva forma de ver la infancia, de ser y sentir en mi trabajo, de relacionarme con las personas, niñas y adultas. Porque, aunque las formaciones en pedagogía activa sólo paraban para reposar y asimilar lo aprendido, la verdad es que ahí comencé un recorrido también hacia adentro. Hacia el autoconocimiento, mis virtudes y mis limitaciones, mi mochila, mis deseos. Porque si estaba dejando SER a los niños/as para que conectaran con su esencia y pudieran guiar su ruta de aprendizaje y de vida, yo debía hacer lo mismo, cuanto menos, por coherencia. También he de decir que fueron unos años muy duros, frenéticos, de darlo todo acosta del proyecto y que el slow life que pretendíamos con los niños/as, no lo rocé ni con todas las meditaciones y el yoga del mundo (aunque me ayudó). Pero me sentía muy, muy bien en el espacio, con los niños y niñas que me enseñaban día a día. ¿Vocación? Quizá sea a eso que sentía a lo que llaman vocación.

Cuando esta experiencia acabó, advertía que tenía que hacer algo con todo eso. Y las noches de insomnio que me daba el duelo que viví por Papoula, fueron dibujando TransFormándoNos. Este proyecto también es especial para mí. Lo gesté a la vez que a mi pequeña y creo que eso significa mucho. El plural de la palabra viene porque sé fehacientemente que es un camino en el que todas aprendemos de la mano, todas estamos transformándonos. Cada formación me aporta y me hace crecer, aumenta mi empatía y aprovecho vuestras inquietudes como herramienta de aprendizaje. Y lo que intento siempre es trasmitir de corazón a corazón toda la pasión por la pedagogía activa que llevo dentro.

taller de matematicas, transformandonos, pedagogía activa

¿Os gustaría contarme cómo llegasteis a este mundo tan apasionante? Si os animáis, os espero en los comentarios.

Si todavía no habéis tomado contacto con ella podéis hacerlo en el próximo curso que realizaremos este sábado en Soria, como introducción a la pedagogía activa y cómo aplicarla tanto en la escuela como en la vida.

Y si no podéis acudir, recordad que podéis solicitarlos desde vuestro cole, AMPA, grupo de crianza o cualquier otro colectivo desde el que estéis interesados/as (de esta manera podéis ajustarlos en tiempo y forma a vuestras necesidades y yo me desplazo hasta vuestra ubicación) o bien, esperar a que (si todo va bien) en enero tendremos creada la plataforma de formación online para que accedáis a ellos desde casa con toda comodidad.

 

1 Pestalozzi Ecuador, escuela activa (1/3), (2/3) y (3/3)

https://vimeo.com/4211517

https://vimeo.com/4211978

https://vimeo.com/4351996